lunes, 6 de mayo de 2013

Hablemos

¿Quieres qué hablemos? Hablemos

Hablemos primero en lenguaje no verbal.

Háblame, por signos. Recorre con las yemas de tus dedos mi piel y dibuja cada letra en mi espalda.

Háblame por signos. Mírame, y concentra tus pupilas en las mías. Contacto visual. No parpadees.

 Háblame por signos chocando tu nariz con la mía.

Háblame por signos mientras tus labios rozan los míos. Muérdeme.

Háblame por signos hasta que no puedas más y entonces, sólo entonces, podrás gritar: "te quiero". 

domingo, 5 de mayo de 2013

Es tu culpa

Es tu culpa. 

Es tu culpa que me siente a teclear y no me salga nada. Es tu culpa que en vez de pulsar las teclas formando una  bonita melodía que se escucha en toda la casa mientras todo el mundo duerme, esté así. 


614544789658521452369854785412  son las veces (no exagero aunque sea andaluza) que me he sentado a escribir y no me sale nada. Nada de nada. Escribo y borro, borro y escribo y así sucesivamente. Es extraño porque últimamente no paro de hacer cosas que me hacen sentir diferentes emociones, pero cuando llego aquí no soy capaz de transmitirlas sobre el papel. 


Sí, bueno, lo admito, soy de las que primero lo escribe en papel y luego lo pasa a ordenador.

 Prehistórica y  Paleolítica. 

Bien es cierto que no tengo la cabeza donde la tengo que tener, y el corazón... bueno el corazón prefiero no saber dónde está. Y eso me perturba. ¿Qué se supone que hay que hacer para unificar la cabeza y el corazón? 

Vivimos acelerados. Tú y yo. 


Es tu culpa que no me sepa controlar, que el corazón, por raro que parezca se ponga en marcha cuando el icono aparece en la pantalla de mi móvil. 

Es tu culpa que me esté pasando esto. ¡A mí! 

Yo, que había construido un muro infranqueable a mi alrededor, y que has sido capaz de derribar con tan solo un soplo. Un muro que construí cuál cerdito de cuento para que a  ningún lobo se le ocurriese, si quiera, llamar a la puerta. Pero esta vez el águila fue más rápida que el cerdo y el lobo se coló por la chimenea. 


Dos charlas, dos besos y alguna que otra caricia. El roce de su boca con la mía, de su mano con mi mano, de mi piel con su piel. Su sonrisa, sus ojos. 

Y dentro, ni muro, ni piedra, ni puerta ni cerrojo. Eso ahora conmigo no funciona. 


La culpa la tuve yo que en vez de invitarlo a irse, lo invité a café.  Fue entonces cuando le pregunté : 

-¿Cuánto tiempo piensas quedarte? ¿Preparo un café o  mi vida? 

Perdonen el exceso de glucosa, consecuencias de un domingo por la tarde. 

Confesiones de una veinteñera en pijama y sin peinar. 




miércoles, 1 de mayo de 2013

Y sin embargo, se mueve

Miércoles que sabe a Domingo, y como cualquier otro domingo ando vestida con mis mejores galas, sentada junto a la ventana y oyendo los balonazos que dan en mi patio aquellos que apenas levantan un palmo del suelo. ¡Juventud, Divino Tesoro! Quién pudiera volver a la decena y no cargar con este patio sobre tu espalda...

Miércoles que me sabe a Domingo y a chocolate, que me ha hecho mirar el calendario para descubrir que hace exactamente 27 días que no escribía en el blog. En cualquier otro momento de postureo hubiera comenzado la entrada a lo Miss Antioquía "Ante todo quería darle las gracias a todos los presentes acá y pedir disculpas por no haber podido publicar entradas, besos y paz mundial"  

Pero no, hoy puedo prescindir de guardar las formas. Papá no leas esto, porque hoy no me siento señorita.

Hoy no voy a sentarme con las piernas rectas, tampoco pienso peinarme. Hoy no me voy a quitar el pijama en todo el día y andaré con calcetines por la casa (bueno lo confieso, no encuentro las zapatillas). Tengo los ojos cual oso panda porque ayer olvidé quitarme el maquillaje justo antes de acostarme, sí, lo olvidé: sin querer queriendo.

Hoy me apetece que se caiga el mundo o que lo paren y me bajo... o no. Ya no.

En estos últimos días me he montado en un coche de caballos, como los que te pasean por el Real de la Feria de Sevilla. Los cuatro caballos que tiran del coche van ataviados con sus mejores galas, sí, a juego con mi pijama dominguero. No puedo contaros que se siente cuando miras la vida desde una carroza que, como diría Galileo en aquellos momentos "Y sin embargo, se mueve"


Yo, que parecía haberme quedado estancada, pero ahora sé que no, que aquello sólo fue un paro, como el paro académico que organizamos los estudiantes de la Universidad de Sevilla y que no sirvió, à mon avis , absolutamente para nada.

No puedo describiros que se siente cuando empiezas a andar. Cuando, como Lázaro, respondes a un "levántate  y anda". Y eso que he estado consultando el diccionario. Creo que la RAE me debe la mayoría de sus visitas, creerá que estoy enamorada de ella o algo así, cual adolescente quinceañera visitando perfiles de tuenti.

Por eso vengo a deciros que os mováis, que salgáis y también entréis, que hagáis lo que sentís. Que no importan si tan solo son ilusiones. ¿Acaso no visteis como los aficionados del Madrid se volcaban con su equipo cuando era un imposible? ¡Qué importa!

Los imposibles también existen